
Ayer, Leo entró en el despacho justo cuando yo estaba cerrando la sesión del banco tras configurar la primera inversión en fondos indexados para su futuro. Se quedó mirando de reojo la pantalla con esa cara de sabelotodo que se le pone a veces.
— Papá —me dijo—, he oído que vas a meter dinero para mis estudios en «las mejores empresas del mundo». Si quieres ganar de verdad, deberías comprar acciones de la empresa que hace mi juego favorito. ¡Todo el mundo juega a eso! El mes que viene sacan una actualización increíble y seguro que el valor sube a las nubes.
Me hizo gracia su entusiasmo. Leo ve el mundo a través de sus juegos y, para él, la lógica es aplastante: si algo le gusta a él y a sus amigos, tiene que ser una mina de oro. Lo que no sabe es que el mercado no entiende de «hype».
— Siéntate un momento, Leo —le dije—. Vamos a hablar de por qué tu plan es como intentar pasarse el nivel final de un juego usando solo una vida y un arma básica.
El riesgo de que te «nerfeen» la inversión
— Leo, imagina que pones todos tus ahorros en esa empresa de videojuegos. Estás convencido de que son los mejores. Pero de repente, otra empresa saca un juego nuevo que se pone de moda, o el gobierno decide prohibir ese tipo de juegos, o simplemente los programadores cometen un error y el juego deja de funcionar bien. ¿Qué pasaría con tu dinero?
— Pues que bajaría un montón —respondió él encogiéndose de homros.
— Exacto. Tu partida se acabaría de golpe. Te quedarías en «Game Over» porque habías apostado todo a una sola carta. El tema es que eso es lo que pasa cuando compras acciones sueltas. Puedes ganar mucho si tienes suerte, pero si esa empresa tiene un problema (o la «nerfean», como dices tú), tú te hundes con ella.
El «Cofre Legendario» de la inversión
Le puse un ejemplo que él usa a diario en sus partidas:
— Invertir en lo que yo he elegido para ti, esos fondos indexados, es como comprar un Cofre Legendario que contiene un poquito de cada objeto del juego. En lugar de tener solo una espada, tienes 500 armas distintas. Si una se rompe o deja de ser potente, te quedan otras 499 que siguen funcionando.
— Pero papá, así se gana más despacio, ¿no? —preguntó Leo, que siempre busca el camino rápido al estilo de su primo Hugo.
— Puede que no veas esos «pelotazos» instantáneos, pero te aseguro que es mucho más difícil que pierdas. Estás invirtiendo en la empresa que hace tu juego, sí, pero también en la que hace tu móvil, en la que fabrica tu ropa, en la que nos trae la comida y en la que inventa las medicinas. Si el mundo sigue girando y la gente sigue comprando cosas, tu dinero seguirá creciendo. No buscamos el premio de una partida, buscamos ganar el torneo completo.
De fan a dueño inteligente
Leo se quedó pensando. Le costaba renunciar a la idea de ser «dueño» de su juego favorito, pero empezó a entender que es mejor ser dueño de un pedacito de todo el centro comercial que de una sola tienda que puede cerrar mañana por la mañana.
— Vale, papá. Compramos el pack completo. Pero si mi juego se hace súper famoso y la acción sube al doble, no me digas «te lo dije».
— Trato hecho, Leo. Pero si la empresa quiebra, no me pidas un Bizum para recuperar lo perdido (que ya sabemos que los bancos de los padres no cubren negligencias).
El consejo de hoy: No pongas todos los huevos (ni los diamantes) en la misma cesta
Si tienes hijos o adolescentes interesados en la bolsa porque han visto cuatro vídeos en internet, enséñales esto:
- Lo que te gusta no siempre es un buen negocio: Que un producto sea increíble no significa que la empresa esté bien gestionada o que su precio en bolsa sea justo. A veces, las empresas mueren de éxito.
- La diversificación es tu escudo: Cuantas más empresas diferentes tengas, menos te afectará que a una sola le vaya mal. En el equilibrio está la victoria, tanto en la inversión como en los juegos de estrategia.
- Invertir no es jugar: Un videojuego puedes volver a empezarlo si pierdes. Con el dinero de tu futuro, las segundas oportunidades salen muy caras y no hay botón de «reset».
Leo se volvió a su cuarto, supongo que a echar una partida. Pero me gusta pensar que, la próxima vez que vea el logo de una marca famosa, ya no pensará solo en comprar su producto, sino en cómo de seguro sería tenerla dentro de su «cofre legendario».
¿Y tú? ¿Sigues apostando a un solo caballo o ya tienes tu pack completo para ganar el torneo?
Aviso legal y de responsabilidad: Vamos a ponernos serios: este artículo tiene una finalidad puramente educativa y de entretenimiento, reflejando una conversación entre un padre y su hijo. No soy asesor financiero ni profesional de la inversión (soy programador, los gráficos que entiendo son de código). Invertir en acciones individuales o en fondos indexados conlleva riesgos de pérdida de capital. Antes de tomar cualquier decisión financiera, infórmate adecuadamente o consulta con un profesional titulado. Tu dinero es tu responsabilidad.