
Sucedió el pasado martes. No era un día especial, pero para La Jefa, se convirtió en una mañana de esas en las que el café se queda frío sobre la mesa. Hacía apenas unos meses que habíamos empezado a invertir sus primeros 50 euros mensuales para el futuro de los niños, y hasta ahora, todo había sido ver cómo el número subía tímidamente en la pantalla del móvil.
Pero el martes, el mercado decidió darnos nuestro primer «susto». La Jefa abrió la aplicación del banco y se quedó pálida.
— Carlos, ven aquí —me dijo con un hilo de voz—. El número está en rojo. Dice que hemos perdido un 4% en solo dos días. Han desaparecido casi 10 euros de los ahorros de los niños. ¿Sacamos lo que queda antes de que se evapore todo?
Me acerqué y vi el gráfico. Efectivamente, una de esas pequeñas tormentas financieras que ocurren cada cierto tiempo había hecho que el valor de nuestro fondo bajara. Para alguien que viene de la escuela del «dinero quieto» del Tío Paco, ver un número rojo es como ver una señal de peligro de incendio.
El paseo por el centro comercial
— Jefa —le dije, alejando el móvil de su vista—, olvida la aplicación un momento. Imagina que hoy decidimos ir al centro comercial porque necesitas unos zapatos nuevos. Llegamos a tu tienda favorita y vemos un cartel gigante en el escaparate que dice: “REBAJAS DEL 30%”. ¿Qué haces? ¿Sales corriendo asustada pensando que la tienda se va a arruinar o entras con una sonrisa porque puedes comprar lo mismo por mucho menos dinero?
Ella me miró como si me hubiera faltado un tornillo.
— Pues entro a comprar, Carlos. Eso no tiene nada que ver.
— Tiene todo que ver, Jefa. Lo que ha pasado hoy en la bolsa es exactamente eso: hay rebajas. Las 500 mejores empresas del mundo, esas en las que hemos puesto los ahorros de los niños, hoy son un 4% más baratas que ayer. El tema es que no es que hayamos perdido dinero; es que si hoy metemos otros 50 euros, compraremos más «trocitos» de esas empresas que el mes pasado por el mismo precio.
La diferencia entre «precio» y «valor»
Lo que más le costaba entender a La Jefa es que nosotros no hemos «perdido» nada realmente. Le expliqué que tenemos exactamente el mismo número de participaciones en el fondo que el lunes. Lo que ha cambiado es el precio que alguien está dispuesto a pagar por ellas hoy.
— Jefa, nosotros no vamos a vender hoy, ni mañana, ni el año que viene. Vamos a usar ese dinero dentro de diez años. ¿Qué más da lo que diga la pantalla hoy? Es como si compras una casa para vivir: no vas todos los días a preguntar a la inmobiliaria cuánto vale. Te da igual, porque tu objetivo es vivir en ella, no venderla mañana.
— Ya… pero ver el color rojo asusta —admitió ella, un poco más relajada (pero aún con el susto en el cuerpo).
— Asusta porque pensamos que el dinero se ha ido. Pero recuerda: solo pierdes dinero si vendes cuando el número está en rojo. Si te quedas quieta y esperas a que salga el sol, lo normal es que el precio vuelva a subir y, además, habremos aprovechado para comprar más «barato» por el camino.
El papel del Fondo de Paz Mental
En ese momento, La Jefa me dio la razón por el motivo más lógico del mundo (y el que justifica todo este blog).
— Sabes qué, Carlos… —me dijo mientras volvía a su café—. Menos mal que tenemos los 12.000 euros de la «Cuenta de la Paz». Si esos 10 euros que han bajado fueran el dinero para pagar el alquiler de este mes, ahora mismo me daría un parraque. Pero como sé que tenemos el colchón, puedo aguantar el tirón.
Ahí está la clave. La Jefa ha entendido que la bolsa solo es peligrosa para el que tiene prisa o para el que invierte el dinero que necesita para comer.
El consejo de hoy: Tres reglas para los días de «números rojos»
Si tú también estás empezando y te tiembla el pulso cuando ves que el mercado baja, sigue estas tres reglas que le grabé a fuego a La Jefa:
- No mires la cuenta todos los días: Invertir a largo plazo es como plantar un roble. Si desentierras la semilla cada mañana para ver si crece, al final la matas. Mira tu cuenta una vez al mes, o mejor, una vez al trimestre.
- El rojo es una oportunidad, no un castigo: Si el mercado baja y tú sigues invirtiendo todos los meses, estás comprando «en rebajas». A la larga, esas son las compras que más dinero te harán ganar.
- Recuerda tu objetivo: No inviertes para ganar hoy; inviertes para tener libertad dentro de diez, veinte o treinta años. Las tormentas de hoy serán solo una anécdota en el gráfico del futuro.
La Jefa ha decidido no borrar la aplicación, pero ha prometido no abrirla hasta el mes que viene. Ha aprendido que, en la inversión, a veces el mejor movimiento es no hacer nada.
¿Y tú? ¿Vendes cuando hay tormenta o aprovechas para comprar el paraguas más barato?
Aviso legal y de responsabilidad: Vamos a dejarlo claro: este artículo tiene una finalidad puramente educativa y de entretenimiento, basada en mis experiencias familiares. No soy asesor financiero ni profesional de la inversión (solo soy un padre que mantiene la calma). La inversión en bolsa conlleva riesgos de pérdida de capital y rentabilidades pasadas no garantizan éxitos futuros. Nunca inviertas dinero que necesites para tus gastos básicos a corto plazo. Antes de tomar cualquier decisión, realiza tu propia investigación o consulta con un profesional titulado. Tu dinero es tu responsabilidad.