
Sucedió el pasado domingo. Todavía no habíamos servido los cafés cuando el rugido de un motor anunció que mi cuñado Gastón acababa de aparcar (o de aterrizar, por el ruido que hacía aquello).
Entró en el salón sacando pecho, con las llaves de un SUV reluciente tintineando en la mano como si fueran las joyas de la corona. — Carlos, tienes que ver la nueva adquisición. Es una bestia.
Allí estaba el bicho: un SUV deportivo, con ese olor a cuero nuevo que te marea un poco y una pantalla en el salpicadero que parecía el centro de control de la NASA. Gastón estaba radiante. Según él, había cazado el «ofertón de su vida».
— ¿Y cuánto te ha costado la broma, Gastón? —le pregunté, sabiendo que me estaba metiendo en un charco.
— ¡Una ganga! Solo 375 euros al mes. Ni me voy a enterar.
Y ahí, justo en esa frase, es donde el programador que llevo dentro detectó el primer «error de sistema». (Si es que el tema es que no aprendemos, de verdad).
El espejismo de la cuota mensual
Gastón padece una enfermedad financiera muy común: la ceguera del precio total. Para él, el coche no cuesta 32.000 euros; el coche cuesta «375 euros«. Es el truco de magia que los concesionarios han perfeccionado: alargar el plazo hasta el infinito para que la cuota parezca un gasto inofensivo.
Senté a mi cuñado en el sofá, le puse una infusión (porque si le daba café se me ponía más nervioso de lo que ya estaba con su juguete nuevo) y saqué mi libreta.
— Vamos a ver, Gastón. Cuéntame la letra pequeña. Esos 375 euros… ¿durante cuánto tiempo vas a estar soltando la pasta?
— Pues son 96 cuotas, Carlos. Ocho añitos. Y di una entradita de 4.000 euros que tenía ahorrados para la reforma de la cocina.
Me puse a echar cuentas reales y empecé a sudar frío:
- Precio al contado: 32.000 €.
- Entrada: 4.000 €.
- Importe a financiar: 28.000 €.
- Interés (TAE): 9,5% (lo que te clavan hoy día en cualquier sitio).
- Plazo: 96 meses (8 años, que se dice pronto).
- Cuota: 375 €/mes.
— Gastón —le dije enseñándole la libreta—, haz la suma, que es de cajón: 4.000 € de entrada + (375 € x 96 meses) = 40.000 €.
Tu coche de «oferta» te va a costar 8.000 euros más de lo que vale. Básicamente, le vas a regalar al banco un coche de segunda mano solo en intereses. Se quedó callado un segundo. Miró su reloj, luego la llave y finalmente me miró a mí con cara de circunstancias.
— Bueno… pero es que incluye el mantenimiento del primer año —balbuceó. (Claro, un cambio de aceite de 200 euros justifica regalar 8.000, muy lógico todo).
El coste de oportunidad: Lo que Gastón no ve
El lío es que, al financiar a ocho años, se ha puesto las cadenas él solo. Durante casi una década, un buen pico de su sueldo va a desaparecer el día 1. Pero lo peor no es lo que paga, sino lo que deja de ganar.
Le hice el cálculo del Coste de Oportunidad para que viera el lío en el que se ha metido.
— Imagina que no hubieras comprado este «tanque». Imagina que hubieras comprado un coche seminuevo de 8.000 euros (pagado en 2 años) y hubieras invertido la diferencia.
— Carlos, no me vengas ahora con tus fondos… resopló.
— Solo mira esto: Si esos 4.000 € de entrada y esos 375 € al mes los hubieras metido en un fondo indexado (uno que replique el mercado, vaya) al 7% de media durante estos 8 años:
- Tus 4.000 € iniciales serían casi 7.000 €.
- Tus 375 € mensuales se habrían convertido en 46.000 €.
- TOTAL: Tendrías 53.000 € en el banco.
La realidad duele: dentro de 8 años, Gastón tendrá un coche viejo que valdrá unos 6.000 euros. Si hubiera seguido mi plan, tendría 53.000 euros. La diferencia es de 47.000 euros. (Es para llorar, pero así funcionan los números).
La regla del 20/4/10
Para que no acabes como mi cuñado, te propongo tres reglas para que el coche no te deje pillado:
- 20% de entrada mínima: Si no tienes ahorrado el 20% del valor del coche, es que no te lo puedes permitir. Así de claro.
- 4 años de plazo máximo: Nunca financies a más de 48 meses. Si necesitas 8 años para que la cuota no te ahogue, el coche te queda grande.
- 10% de tus ingresos: La cuota, el seguro y la gasolina no deberían comerse más del 10% de lo que entra en casa.
Si no cumples esto, el coche no es un transporte; es un vampiro que te va chupando la nómina. Gastón se fue a casa un poco menos eufórico. Sé que cada vez que suba al coche y vea las lucecitas del salpicadero, se acordará de mis 53.000 euros imaginarios. O eso espero, el lío es que igual se le olvida en cuanto pise el acelerador.
¿Y tú? ¿Sabes cuánto te está costando realmente tu coche o solo miras si puedes pagar la cuota a fin de mes?
Si te ha gustado la primera aventura de la serie Operación Rescate, no te pierdas el próximo post. Vamos a ver cómo la Prima Ana logró ahorrar 100 euros al mes simplemente revisando un papel que todos tiramos a la basura: la factura de la luz.
Aviso Legal de Carlos: Mira, no soy asesor financiero ni pretendo serlo. Soy programador y esto es lo que yo hago basándome en mi lógica y en las cuentas que saco en mi libreta. Antes de firmar un préstamo de ocho años que te deje temblando, lee la letra pequeña y asegúrate de que no estás haciendo un pan con unas tortas. Tu pasta es responsabilidad tuya, no de mis historias de sobremesa.