Paso 3: Tira las piedras de la mochila (adiós a la deuda mala)

Esta entrada es la parte 4 de 8 de la serie Guía: De 0 a Inversor

Si has seguido los pasos anteriores, ya sabes por dónde se te escapa el agua y has empezado a podar las malas hierbas de tus facturas. Pero ahora toca mirar hacia atrás y enfrentarse al mayor peso que arrastras: la deuda.

Imagina que decides subir a una montaña preciosa para ver el amanecer. Te pones tus mejores botas, llevas agua y tienes toda la energía del mundo. Pero antes de empezar, alguien te llena la mochila de piedras gordas y pesadas. Cada vez que das un paso, las piedras te hunden en el barro. Por mucho que te esfuerces y sudes, nunca vas a llegar a la cima a la vez que los demás. En tus finanzas, esas piedras son los préstamos que pediste para comprar cosas que hoy ya no valen nada.

No todas las piedras pesan igual

A ver, que nos entendamos: hay deudas que se pueden aguantar (como una hipoteca bien pensada, que al menos te da un techo) y hay deudas que son, directamente, un virus para tu bolsillo. A estas últimas yo las llamo deuda mala.

Mi cuñado Gastón es un experto coleccionista de estas piedras. Tiene la piedra del coche (un SUV deportivo que le va a costar 8.000 euros más de lo que vale), la piedra del televisor gigante y la piedra de las vacaciones del año pasado que todavía está pagando con la tarjeta del centro comercial. El problema de Gastón no es solo que deba pasta; el problema es que cada mañana, cuando se levanta para ir al curro, las primeras cuatro horas de su jornada son para pagarle los intereses al banco. No trabaja para él, trabaja para el de la corbata que le vendió la moto (literalmente).

El arte de vaciar la mochila

Si quieres invertir y que tu dinero crezca, lo primero que tienes que hacer es tirar esas piedras por el barranco. No tiene ninguna lógica intentar ganar un 3% en una cuenta de ahorros mientras el banco te está cobrando un 10% por el préstamo de los muebles. Es como intentar achicar agua de un barco con un dedal mientras tienes una vía abierta del tamaño de un camión.

Para vaciar la mochila, lo más inteligente es usar lo que yo llamo la estrategia de la bola de nieve. No te vuelvas loco intentando pagarlo todo a la vez. Coge tu lista de deudas y busca la más pequeña (esa tarjeta de 300 euros o el microcrédito del móvil). Usa cada euro que has rescatado en el paso anterior para matarla cuanto antes. Cuando esa piedra desaparezca, te sentirás más ligero y tendrás más fuerza (y más dinero libre) para ir a por la siguiente. Es una cuestión de inercia y de no volverse loco por el camino.

Tu tarea de hoy: Haz el inventario de las piedras

Hoy no te pido que pagues nada, solo que seas valiente. Coge un papel y apunta todas tus deudas, menos la de la casa. Pon cuánto debes en total y cuánto pagas cada mes. Súmalo todo. (Prepárate para el susto, porque el cerebro es un experto en ignorar lo que no le gusta).

Ese número que te sale es el peso real de tu mochila. Mira esas piedras y pregúntate: «¿De verdad ese objeto que ya está viejo vale que yo hoy no pueda correr?». Si la respuesta es no, ya sabes qué toca: empezar a vaciar la mochila piedra a piedra.

En el próximo paso te enseñaré a fabricar algo que te dará una paz que no se compra con dinero: tu propia rueda de repuesto para los imprevistos. Pero de momento, quédate con la copla: la libertad empieza el día que dejas de deber.

¿Y tú? ¿Llevas una mochila ligera o te estás dejando la espalda por aparentar ante gente a la que no le importas?


Aviso legal (el que pongo para que no me busquen las cosquillas):
No soy asesor de crédito ni trabajo para ninguna financiera. Solo soy un tío que prefiere no deberle nada a nadie. Gestionar deudas es un tema serio y cada contrato tiene su letra pequeña. Antes de amortizar o cancelar préstamos, mira si te cobran comisión por ello. Tu libertad financiera depende de tus decisiones, no de mis historias de montaña.

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