La Paga y el Bizum #2: Leo y el árbol que fabrica monedas (El interés compuesto)

Esta entrada es la parte 3 de 3 de la serie La Paga y el Bizum
El Hijo Leo

El domingo pasado, mi hijo Leo estaba contando los billetes de su paga. Había conseguido ahorrar un poco después de trabajar conmigo en el trastero (que ya es mérito, porque mover trastos conmigo es para pedir un aumento), y se le veía con esa duda típica: gastárselo todo en un juego nuevo o guardarlo.

— Papá —me preguntó—, ¿de verdad vale la pena guardar estos 20 euros? Si los guardo, tengo 20 euros. Si me los gasto, tengo el juego. En los dos casos, el dinero no crece, ¿no?

Me encantó la pregunta. Lo importante aquí es que era el momento perfecto para explicarle el secreto que a mí me hubiera gustado conocer a su edad (y no a los 40, cuando ya vas a remolque). Bajamos al jardín y le señalé el manzano que plantamos hace un par de años.

— Leo, ¿te acuerdas de cuando plantamos este árbol? Era apenas una ramita seca.

— Sí, y tardó un montón en dar la primera manzana.

— Pues el tema es que el dinero es exactamente igual —le dije—. Si hoy te comes la semilla, nunca tendrás el árbol. Pero si la plantas y tienes paciencia, llegará un día en que el árbol fabricará manzanas (o monedas) por ti, sin que tú tengas que hacer nada.

El truco de la bola de nieve

Le expliqué que el dinero tiene una especie de «magia» si lo dejas tranquilo durante mucho tiempo (y si no te pica el dedo por gastarlo en cualquier tontería).

— Imagina que esos 20 euros son una pequeña bola de nieve en la cima de una montaña. Si la empujas un poco, al principio apenas crece. Pero a medida que baja, la nieve que ya tiene pegada va atrapando más nieve nueva. Al final de la montaña, tienes una bola gigante que se mueve sola.

Eso es lo que los mayores llamamos hacer que el dinero trabaje para ti. El caso es que si Leo guarda una parte de su paga cada mes y la pone en un sitio donde le den un poquito de beneficio, ese beneficio se sumará a su dinero, y el mes siguiente el beneficio será sobre una cantidad mayor. Con el paso de los años, el dinero se multiplica de una forma que parece imposible (si es que la matemática, cuando quiere, es maravillosa).

El castigo de esperar demasiado

— Lo malo, Leo, es que esta «magia» necesita un ingrediente que no se puede comprar: tiempo.

Yo empecé a entender esto tarde (mal que me pese), y por eso tengo que esforzarme más ahora. Pero él tiene 14 años. Él tiene todo el tiempo del mundo a su favor, y eso es una ventaja que no se paga con dinero.

Si Leo empieza a guardar solo el 10% de su paga hoy, cuando sea mayor tendrá una montaña de dinero que a mí me costaría horrores reunir. Al final, el tiempo es el abono que hace que su «árbol de monedas» crezca más rápido y más fuerte.

El consejo de hoy: La regla del «Primero yo»

Para que Leo aprenda a plantar su árbol, le he propuesto un hábito muy sencillo (de esos que si no los haces es porque no quieres):

  • Págate a ti mismo primero: Antes de comprar el juego, antes de ir al cine, antes de nada… coge 2 o 5 euros de tu paga y ponlos en tu «hucha del árbol». Ese dinero es sagrado, es intocable.
  • No te comas las semillas: Si tu hucha empieza a dar beneficios (intereses), no te los gastes. Déjalos dentro para que la bola de nieve se haga más grande cada vez.
  • Ten paciencia de jardinero: Al principio no verás nada. Parecerá que no sirve de nada y querrás mandarlo todo a paseo. Pero te prometo que, si esperas lo suficiente, el árbol acabará dándote sombra y frutos para siempre.

Leo se quedó mirando sus 20 euros. Al final, metió 5 en su caja de ahorros y se fue con los otros 15. Puede que hoy no tenga el juego más caro de la tienda, pero acaba de plantar su primera semilla (y yo me he quedado más ancho que largo).

¿Y tú? ¿Estás plantando semillas o te las estás comiendo todas hoy?


Aviso legal y de responsabilidad: A ver, que nos conocemos: este contenido tiene fines educativos y de entretenimiento. No soy asesor financiero ni experto en inversiones (aunque con los años algo se aprende). Los ejemplos utilizados son metáforas para explicar conceptos básicos de ahorro. Cualquier decisión de inversión conlleva riesgos y debe ser analizada de forma individual o con la ayuda de un profesional cualificado. El futuro financiero de tus hijos y el tuyo dependen de vuestras propias decisiones, no de lo que leas en un blog de un programador.

Para saber más: El portal Finanzas para Todos tiene una sección estupenda de herramientas educativas para enseñar a los más jóvenes cómo funciona el dinero. Merece mucho la pena echarle un ojo para que no te den gato por liebre.

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