
El domingo pasado, mientras el Tío Paco presumía de los primeros céntimos de beneficio que habían aparecido en su nueva cuenta digital (estaba más orgulloso que si le hubiera tocado el Gordo), mi cuñado Gastón no pudo evitar soltar una carcajada.
— Pero Paco, ¿de verdad estás tan contento por tres euros? —dijo Gastón mientras se servía más vino—. Eso es calderilla. Para ganar dinero de verdad hay que moverse. Yo acabo de entrar en un negocio que va a dejar tu cuentecita a la altura del betún. ¡Inversión en patinetes eléctricos por aplicación!
Me tembló el pulso mientras servía el café. Conociendo a Gastón, cuando habla de «negocios» suele referirse a algo que ha visto en un anuncio de internet entre un vídeo de gatitos y otro de conspiraciones (si es que no aprende, de verdad).
— A ver, Gastón, cuéntame —le dije, intentando mantener la calma—. ¿Cómo es eso de los patinetes?
El «negocio» del siglo (según Gastón)
Gastón sacó el móvil y me enseñó una página web con muchos colores y fotos de gente joven sonriendo (el uniforme oficial de los que quieren tu dinero).
— Es sencillo, Carlos. Tú compras diez patinetes eléctricos a través de esta plataforma. Ellos se encargan de ponerlos en las calles de ciudades de todo el mundo y de alquilarlos. A mí me dan un beneficio diario por cada viaje que haga «mi flota». En tres meses he recuperado lo que he metido y a partir de ahí, ¡todo son ganancias limpias! He pedido un pequeño préstamo personal para entrar fuerte, que estas oportunidades no pasan dos veces.
Sentí un escalofrío. Gastón no solo estaba metiendo dinero que no tenía, sino que lo estaba haciendo en algo que olía a chamusquina desde el otro lado de la calle. Lo importante aquí es que estaba pidiendo un crédito para apostar en algo que ni siquiera entiende.
La regla de la balanza: Nadie regala duros a cuatro pesetas
— Gastón —le dije, dejando la taza en la mesa—, vamos a aplicar un poco de lógica (aunque sé que te cuesta cuando ves el símbolo del euro). ¿Tú sabes cuánto cuesta mantener un patinete en la calle? Hay que cargarlos, repararlos cuando se rompen, pagar seguros, multas del ayuntamiento… Si esa empresa de verdad tuviera un negocio tan rentable que se paga solo en tres meses, ¿por qué iban a necesitar tu dinero y el mío? Irían a un banco grande, pedirían millones y se quedarían ellos con todo el beneficio.
Gastón me miró con cara de «eres un antiguo» (siempre la misma cara cuando no quiere escuchar la verdad).
— Mira —continué—, en el mundo del dinero hay una balanza que nunca falla. En un lado está la rentabilidad (lo que ganas) y en el otro está el riesgo (la posibilidad de perderlo todo). Si alguien te ofrece una rentabilidad altísima en muy poco tiempo, la balanza solo se equilibra si el riesgo es también altísimo. Es como saltar desde un quinto piso: llegas al suelo muy rápido, sí, pero lo más probable es que no te levantes.
El peligro de los «negocios» que parecen inversiones
Lo que Gastón no entiende es que lo que ha hecho no es invertir; ha comprado una participación en una aventura que mañana mismo puede desaparecer. Esas plataformas suelen ser castillos de naipes: funcionan mientras entra gente nueva con dinero, pero en cuanto el flujo se corta, el castillo se cae y el dueño de la web desaparece con los patinetes de todo el mundo.
Gastón estaba invirtiendo en esperanza, mientras que el Tío Paco, con sus tres euritos de beneficio, estaba invirtiendo en realidad.
— Prefiero los tres euros de Paco, que son de verdad y están seguros, que tus supuestos mil euros mensuales que dependen de que una aplicación no cierre mañana —le solté (un poco de realidad nunca viene mal después del postre).
El consejo de hoy: Desconfía de los milagros financieros
Si te ofrecen un negocio o una inversión que suena demasiado bien para ser verdad, hazte estas tres preguntas antes de soltar un solo euro:
- ¿De dónde sale el dinero de verdad?: Si el beneficio es tan alto que no se explica con una actividad comercial normal (vender algo, fabricar algo), sospecha. Nadie hace magia con los números.
- ¿Por qué me necesitan a mí?: Los negocios brillantes no suelen buscar a pequeños ahorradores por internet; buscan inversores profesionales o bancos. Y además, no te lo contarían con fotos de gente sonriendo en una playa.
- ¿Qué pasa si quiero mi dinero mañana?: En los negocios de Gastón, el dinero suele estar bloqueado o «invertido en material». Si no puedes recuperar tu dinero con un clic, el riesgo se multiplica por diez.
Gastón se quedó un poco serio. Creo que por primera vez se dio cuenta de que si el negocio de los patinetes sale mal, el préstamo del banco lo va a tener que seguir pagando él, mes tras mes, durante años. El tema es que las deudas no entienden de patinetes rotos.
¿Y tú? ¿Estás construyendo un muro ladrillo a ladrillo como Paco o estás intentando volar con patinetes de cartón como Gastón?
Aviso legal y de responsabilidad: Vamos a ponernos serios un segundo: este artículo tiene un propósito puramente educativo y de entretenimiento. No soy asesor financiero ni experto en inversiones de riesgo (yo solo programo, no leo el futuro). La historia de Gastón es una representación de situaciones comunes en el mundo de las finanzas personales. Toda inversión conlleva riesgos de pérdida total del capital. Antes de comprometer tu dinero en cualquier plataforma o negocio, haz tu propia investigación profunda y consulta con un profesional titulado. Tu dinero y tus deudas son tu responsabilidad, no la de mi cuñado.